Mi historia colaborativa tiene por título "Una madre, un tesoro". Aquí os dejo el inicio, así como las pocas normas a seguir (más que normas, circunstancias a tener en cuenta para entender mejor el planteamiento de la trama).
Espero con mucho interés vuestras aportaciones, deseando ver cómo acaba esta novelita.
Gracias a tod@s por vuestro interés y colaboración.
Normas
a seguir
- Si os parece bien, igual que he comenzado haciendo yo, podéis añadir elementos multimedia (imágenes, audios, vídeos, enlaces a otras páginas) que ayuden con la narración. Y es que todo vendrá bien en este relato: narraciones, descripciones, diálogos, soliloquios o reflexiones internas, poemas, textos propios, experiencias personales noveladas,...Escribid cuanto queráis. No hay límite alguno en cuanto a la longitud de vuestras aportaciones, ni en lo relativo a su carácter ficcional o real; tan sólo pediros que sean sentidas, como vividas con intensidad por un narrador que experimentase cierta empatía por el personaje del hijo. Así lograremos una versión cercana a la problemática real que se puede producir en este tipo de relaciones familiares tan especiales. Ánimo, que espero ansioso vuestras aportaciones, para ver en qué acaba esta novelita.
El enlace de la historia en Padlet es:
https://padlet.com/jlflores72/pj4np7a003cx
Como todas las mañanas desde hacía varios largos años, el débil murmullo proveniente de la habitación cercana le hizo impulsarse de la cama como un resorte, sin demora. La vida volvía a hacerse presente en aquella casa pequeña que les albergaba desde que él tenía conciencia, desde que nació. Aquella mujer bastante desvalida y desorientada en la que, por culpa de la edad y los múltiples achaques de salud, se había convertido su querida madre, volvía a necesitar de su asistencia, como casi en cada momento del día, unidos ambos por una dependencia a la par insana pero absolutamente vital y necesaria, sin la que ninguno sabría ya reconocerse después de lo que venían experimentando en los últimos tiempos.
Aquella mañana, como tantas otras, su primera acción fue acercarse a la habitación de al lado, dar los buenos días a su madre, un cálido beso en su mejilla fría y rugosa, y las gracias al cielo por permitirle otra jornada junto a su ser más querido, pese a que ella apenas podía ya no sólo agradecerle sus esfuerzos diarios, ni siquiera reconocerle claramente...

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